Ciberespacio: un no lugar de conexión

Nuestras comunicaciones cotidianas de hoy ocurren en el ciberespacio, espacio mediado por las tecnologías informáticas. Me conecto con otro a través de alguna aplicación, uso Whatsapp, Facebook, Twitter, Zoom o Meet, desde mi celular, mi tablet o mi computadora. Hace tiempo venimos actuando en este espacio, solo que no nos hemos detenido a pensarlo, ¿qué tipo de lugar es este espacio digital?

Este espacio se diferencia de otros más tradicionales porque es un “no lugar”, claro, fisicamente no tiene una locación, no está en mi ciudad o la ciudad vecina, no está en un país o un continente. Tal vez podríamos creativamente decir que es un lugar que está en alguna parte de las redes electrónicas que forman Internet (algunas de las imágenes de la película Matrix con sus cadenas de ceros y unos que forman personajes reflejan esta idea). Hablamos de un espacio sin fronteras, como no tiene geografía no tiene límites y por lo tanto su alcance es totalmente global, lo mismo es conectarme con alguien que vive acá la vuelta como con alguien que está en el otro extremo del mundo, con alguien conocido o un desconocido. Sin límites entonces desde varios aspectos, desde la distancia pero también desde la identidad. Es cierto que  no hay un lugar pero si hay personas y esas personas van generando una cultura de la red, una cibercultura que no es ni más ni menos que el conjunto de costumbres, tradiciones y creencias de quienes interactúan en las redes.

Me gusta mirar este “espacio cibernético” como un escenario, como si cada vez que agarro mi celu y miro alguna aplicación pasará un umbral, me subo al escenario cibernético para actuar, entro y me zambullo en otro mundo, el mundo de lo que está pasando en las redes. Puedo entrar y salir, del mundo físico al mundo digital y viceversa, también puede estar simultáneamente en varios lugares, si lo pensamos esta idea genera cierta adrenalina, como si varios yoes pueden estar actuando en diferentes espacios en paralelo. Esto sin pensarlo es algo que venimos haciendo ya hace un tiempo, algunos más que otros.  Este es nuestro nuevo mundo hiperconectado, lo que me lleva a preguntarme, este “mundo” me sirve como conexión. Si causamos bien podemos generar vínculos y relaciones, interactuar con otros, generar lazos. Pero estamos ante un arma de doble filo, este mismo mundo de posibilidades también puede causar desconexión, nos movemos en el mundo de las máquinas como autómatas y escondidos tras una identidad desconocida donde la pantalla es una barrera protectora.

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